Es curioso observar como el satélite que embelleció amoríos y presto su pálida y languida luz a muchos poemas, canciones, libros, ideas, textos, inspiraciones, vaya perdiendo su prestigio sentimental a medida que gana valores como futura base cósmica, interplanetaria, tecnológica, de investigación. Rápidamente el astro de la melancolía el de los poemas, el de la inspiración va adquiriendo un sentido mas superficial, mas prosaico. Quizás nuestros hijos ya no la miren así como una fuente de inspiración, sino como un escenario perfecto de guerras interplanetarias ó como el sitio donde un hormiguero humano escruta los misterios del universo mas recóndito, cosa que a la mayoría, o por lo menos a mi no me incumbe, o peor aun anunciar con extrema precisión lo que pasara de aquí a unos años mas, o unos meses mas, quizás a unos días mas, o no, a unas horas, segundos, incluso a lo que pasara la próxima vez que inhalemos un poco de esta estúpida y corrompida atmósfera repleta de odio, guerra y sobre todo ambición. La luna siempre estará ahí para que nosotros, los humanos, la gente terrenal, la de la rutina, le de el uso que crea pertinente, ella es ... incondicional.En foto: Cielo nublado
Arica-Chile 2007




